De resaca precisamente de la noche de Halloween, recupero un post del antiguo blog de Blogspot sobre uno de mis cineastas favoritos de todos los tiempos, más allá de consideraciones de época, nacionalidad y sobre todo de autor/género, si bien considero que se trata de uno de los pocos autores de género auténticos que ha habido en la Historia del séptimo arte.

¿El mejor director de cine de ciencia-ficción y de terror de todos los tiempos? Pues sostengo que sí, a riesgo de que cualquier adocenado y estólido friki quiera atravesarme con una espada láser. Y ahora, un resumido pero (casi) exhaustivo repaso a su filmografía, con el enlace para descargar todos los títulos, como siempre, pinchando en cada uno de ellos, dando prioridad a las copias dobladas, y por eso hay varios enlaces en descarga directa.

Carpenter debutó con la muy discreta y primeriza Estrella oscura (1974), de la que me ocupé aparte en otra entrada de este blog. Dos años más tarde, se consolida de modo definitivo con Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976). Este filme ha sido calificado por mi admirado crítico Guillermo Cabrera Infante como uno de los mejores de serie B de todos los tiempos, y ya muestra la querencia de Carpenter por fusionar el western con otros géneros hasta cierto punto antitéticos. A pesar de lo poco que me gustan las escenas nocturnas y casi ininteligibles, creo que Asalto se puede contar entre lo más granado de su autor.

La noche de Halloween (1978) no resulta tan fácil de valorar a día de hoy. Cierto que acuñó la fórmula del slasher que monopolizó el terror ochentero y ha conocido varios revivals e intentos de superación de la fórmula, pero, con perdón, ha envejecido mal, o, mejor dicho, sus millares de copias e imitaciones la han envejecido mal… a no ser que uno la viese previamente a todas ellas. A La niebla (1980) el paso del tiempo tampoco la ha mejorado. No obstante, siempre quedará como un ejercicio de estilo más que notable, aunque demasiado academicista para un realizador al que admiramos por su tono personalísimo y por sus nada ortodoxas amalgamas de géneros luego tan remedadas (ya hablaré de eso más adelante).

Y por fin llegamos a un título que resulta emoción pura y se puede calificar de CLÁSICO, así, con mayúsculas: un impávido Kurt Russell se pasea por una Nueva York en ruinas en 1997: rescate en Nueva York (1981). Sobre este thriller de política-ficción retrofuturista, abigarrado, tosco y macarra que se convirtió instantáneamente en hito y modelo de imitación podría no parar de hablar en meses. Mejor que eso, y para los discófilos, incluyo una imagen de la reedición en vinilo de la banda sonora, disponible en los sitios habituales (Amazon, Juno Records, etc.):

Por otra parte, son legión los carpenterianos cuyo filme más idolatrado es La cosa (1982) e, intentando ser objetivo, no les falta razón, puesto que también se trata del más valorado por el resto de los mortales. Una obra maestra de tintes metafísicos tan malsana como aterradora y, desde luego, no superada.

Pasamos a continuación, y por desgracia, a dos logros menores del Maestro. En su descargo se puede decir que ya estaban condenadas desde los libretos: ni podremos jamás sentir miedo de un mero automóvil aun pretendiéndolo Stephen King (Christine, 1983) ni nos parece entretenido un alien antropomórfico y romanticón (Starman, 1984). Con todo, ambas se dejan ver.

Golpe en la pequeña China (1986), al contrario, en cada revisión se abre paso a golpes y tiros entre la filmografía que nos ocupa. Kurt Russell esta vez encarnó a su propia parodia sin saber que se iba a convertir en otro mito a parodiar… como le sucede un poco al filme, uno de esos en los que cuanto más absurdo resulta todo, más nos metemos en el juego. El ritmo y el sentido del clímax de los que hace gala Carpenter deberían estudiarse en escuelas de cine.

Y para acabar con la etapa ochentera y poner fin a esta primer capítulo, vamos con las nada desdeñables El príncipe de las tinieblas (1987) y Están vivos (1988). Sobre la primera, podemos decir que se trata de un filme de terror ciertamente inquietante y conseguido, aunque menos característico de su autor que otros (va también la imagen del disco de vinilo). They live responde a la idea que tiene Carpenter de un alegato político, el cual fue planteado como una crítica demoledora de la era Reagan, pero, obviamente, resulta extrapolable a otros países y épocas. Vamos a ver, nos gobiernan unos aliens camuflados que están empobreciendo a las clases medias y mandando a las bajas a la mendicidad; sin embargo, todos los obedecen ciegamente, como si los tuvieran hipnotizados… Por desgracia, el contexto político-social actual resulta aún más adecuado para esta obra…

Dejando de lado estas disquisiciones, They live está mucho mejor planteada que resuelta, pero, en su modestia aparente, posee una eficacia casi tan drástica como la de los mensajes subliminales de los extraterrestres del filme… y también posee mi segunda banda sonora favorita de todas las compuestas por el Maestro para sus propias obras, aunque de ella aún no hayan reeditado el LP.

Y en la segunda parte, los noventa y los dos mil, llegando hasta la actualidad. Casi diría que queda lo mejor…

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